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¿Está la Iglesia todavía en pañales?

by ciudadcatolica.cl / miércoles, 31 julio 2024 / Published in Artículos, Religión e Iglesia

El día Miércoles Santo recién pasado se ha exhibido un documental de Disney+, empresa comercial que hace gala de fomentar, en sus filmes para niños y jóvenes, la “revolución sexual”, incluyendo en ellos homosexuales, transexuales, etc. Este sólo dato debiera haber puesto en alerta al Santo Padre, quien accedió a participar en él. Pero el Romano Pontífice dedicó no menos de 5 horas de su apretadísima agenda a la filmación del documental, titulado “Amén. Francisco responde”, dirigido por Jorde Evole (premiado hace pocos días por la CONFER, Conferencia de Religiosos Españoles), en que aparece con un grupo de hombres y mujeres jóvenes dispuestos a conversar con el papa sobre temas de actualidad y especialmente, según parece, los relativos a la sexualidad en el mundo moderno. Entre los temas que se abordaron se encuentran, en efecto, la no-binaridad, la pornografía, el aborto, la homosexualidad y otros en la misma línea. Según quienes han visto el film, el papa es claramente sobrepasado por los jóvenes, como si no buscara otra cosa que parecer comprensivo y “acompañarlos”. Por ejemplo, uno de ellos le preguntó qué le parecía que los jóvenes buscaran “pareja” en Tinder. Quizá sin tener idea de qué es Tinder, el papa respondió que “le parecía normal”… El director del film ha comentado, en algunas entrevistas posteriores que, supuesta la jerarquía del principal invitado, le preguntó varias veces si quería suprimir algo, o corregir algo de lo filmado y, para su sorpresa, el director dice que el papa le contestó que no. Comenta el director que pocas veces le ha tocado una situación semejante, en que un personaje tan encumbrado, enfrentado a diálogos tan difíciles, no haya pedido revisar algo. Hay que advertir que, entre los jóvenes invitados, había una madre soltera que se dedica a la pornografía para sostener a su hijo, un ateo, un musulmán. Y también aparece una joven verdaderamente católica, hija de padres acomodados, que defiende las enseñanzas que el papa se supone defender. Elegida con pinzas: la imagen amañada de un catolicismo de derechas, de gente rica, fuera de foco en el mundo contemporáneo.

Las reacciones en todo el mundo han sido muchas. Quisiéramos publicar aquí un par de ellas. Pero unas palabras previas. 

Hay quienes han criticado que algunos católicos hayan divulgado y formulado sus reparos a esta actividad del papa, diciéndoles, como reproche, que “quiénes son ellos” para erigirse en jueces del Sumo Pontífice. La verdad es que nadie debe hacer un juicio ni sobre el Sumo Pontífice ni sobre ningún otro ser humano; el único que puede hacerlo y lo hará, efectivamente, en el día final, es el Señor, que conoce lo íntimo del corazón humano. Pero hay que distinguir entre el juicio a la persona del papa y el juicio a sus acciones: éstas sí pueden ser sometidas a escrutinio. Otros defensores del papa han dicho que nadie puede presumir juzgar ni siquiera las acciones del pontífice por cuanto para ello se requiere un excepcional conocimiento de la materia y, sobre todo, una asistencia del Espíritu Santo que sólo el mismo papa tiene. La verdad es que las críticas a esta actividad papal sí pueden hacerse, apoyándose en la milenaria Tradición de la Iglesia en materias de fe y de moral. Quien critica, quien constata la salida de cauce, quien comprueba la imprudencia, es la Tradición. Si no pudiera invocarse la Tradición, el papa sería absolutamente intocable no sólo cuando habla “ex cathedra” sino incluso cuando lo hace en un filme de Disney+… Eso, claramente, no es católico. Tampoco es pasar a llevar la figura del papa. Porque, finalmente, hay que hacer otra distinción: entre el papado, como institución de derecho divino y fundamental de la Iglesia, y la persona que, en un momento determinado, ocupa el trono de San Pedro, la que puede hacerlo bien o mal, a la luz de la Tradición de la Iglesia -cuyo conocimiento está al alcance de cualquier laico católico bien informado-. Debe aplicarse aquí aquella famosa máxima que tuvo vigencia durante los siglos de monarquía en la América hispana: “¡Viva el Rey, abajo el mal gobierno!”. Mutatis mutandis, habría que decir hoy “¡Viva el papado, abajo el mal papa!”. Con eso se salva lo que debe ser salvado, y se critica lo que debe ser criticado, so pena de que si no se lo hace, se convierte uno en cómplice del mal realizado. 

Lo que corresponde aquí es difundir la auténtica doctrina católica sobre los temas del filme mencionado, como hizo aquella joven católica durante la conversación. Y ello, de criticable o de imprudente o de insolente, no tiene absolutamente nada.

¿Está todavía “en pañales” la doctrina de la Iglesia sobre el sexo?

Eric Sammons

Crisis Magazine

Abril 14, 2023

La reciente declaración del papa sobre que la enseñanza de la Iglesia sobre el sexo está todavía “en pañales” revela una trágica ignorancia de la realidad.

Desde hace una década los católicos fieles se angustian cada vez que el papa Francisco da una de sus improvisadas entrevistas (nadie podría reprocharnos si pidiéramos que se prohíba al papa viajar en avión…). Una conversación reciente que tuvo con diez adultos jóvenes para un documental Hulu no ha hecho sino aumentar la angustia.  

Como era de esperarse, gran parte de la controversia desatada luego de que se reveló la entrevista gira en torno a los comentarios del papa sobre el sexo. En un determinado momento se le preguntó sobre qué pensaba de que los jóvenes buscaran pareja en Tinder. Y respondió que “es normal”, evidenciando que probablemente no tenga idea de lo que es Tinder (y si Ud. también lo ignora, considérese afortunado).

Pero más inquietante, incluso, son los comentarios del papa sobre otros puntos de sexualidad, como pornografía, homosexualidad, masturbación: el papa sostuvo que la “catequesis de la Iglesia sobre sexo está todavía en pañales… Los cristianos no han propuesto siempre una enseñanza madura sobre el sexo”. 

Detengámonos y pensemos en esta declaración papal. La enseñanza de la Iglesia católica sobre el sexo se apoya en 2.000 años de contemplación, por parte de teólogos y santos guiados por el Espíritu Santo, de los misterios de la persona humana y de la sexualidad humana. Y dicha contemplación se funda, a su vez, en otros adicionales 2.000 años de antigua enseñanza judía. Son, pues, 4.000 años de existencia de una concepción coherente y desarrollada. ¿Está la Iglesia “todavía en pañales” en lo relativo a su enseñanza sobre el sexo? El papa lo descarta todo, partiendo por los Diez Mandamientos e incluyendo a la Teología del Cuerpo, como si fuera una catequesis inmadura. Lo cual causa un profundo estupor. 

Yo hubiera dicho que semejante afirmación proviene de algún fanático ateo y anti-católico, como Sam Harris; pero ello sería insultar a Harris.

La declaración, con todo, no surge de alguien cuya ignorancia pudiera excusarse, sino que del papa. No hay excusa posible. La moral católica sobre el sexo ha sido puesta a prueba durante milenios, y una y otra vez se ha comprobado que es el mejor modo -de hecho, el único modo- de vivir la sexualidad sanamente, ya sea desde el punto de vista físico, espiritual o mental.

En cambio, la sexualidad promiscua y libertina que la cultura actual promueve (exactamente la que esos jóvenes esperaban que el papa aprobara) ha demostrado ser trágicamente destructiva de millones de almas -además de sus correspondientes cuerpos- en las últimas décadas. Lo que resulta irónico aquí es que son las opiniones de la cultura moderna sobre el sexo las que resultan decididamente inmaduras: nuestra sociedad mira el sexo igual como lo hace un adolescente de 15 años, gobernado por sus hormonas mientras mira una película pornográfica. Es volviéndonos hacia la Iglesia como podemos encontrar una enseñanza madura sobre el sexo. 

¿Cuáles son los fundamentos de las insólitas declaraciones del papa? Como es siempre el caso, resulta difícil entender la mentalidad de Francisco cuando emite espontáneamente estas declaraciones. Uno se pregunta cuán bien pensadas están, y si ellas representan realmente lo que piensa, o si no estará sencillamente tratando de mostrar que está dispuesto a “acompañar” a quienes lo escuchan.  

Pero pienso que, probablemente, se basa en un pensamiento parecido al del cardenal Jean-Claude Hollerich, quien hizo algunas declaraciones hace un año. Cuando se preguntó al cardenal acerca de la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad, declaró “Creo que los fundamentos sociológico-científicos de esa enseñanza ya no son correctos. Lo que se acostumbraba a condenar era la sodomía. En aquel tiempo, se pensaba que el semen del hombre contenía al niño entero. Y simplemente se aplicaba eso a los hombres homosexuales. Pero no existe en absoluto homosexualidad en el Nuevo Testamento. Todo lo que hay es referencia a actos homosexuales incluídos, en parte, en algunos cultos paganos”. 

En otras palabras, Hollerich sostiene que los antiguos cristianos (y los judíos) no comprendieron la homosexualidad como una “orientación” psicológica sino sólo como un acto sexual de connotaciones paganas. Y por este motivo fue condenada, y no porque la orientación misma, o los actos, fueran intrínsecamente desordenados. En la actualidad, cuando los psicólogos modernos comprenden mejor la homosexualidad, el catolicismo necesita poner al día sus enseñanzas. 

Naturalmente, esta postura es ridícula, pero parece ser la nueva dirección en que se mueve la Izquierda Católica en su intento por erosionar la moral católica tradicional. En vez de decir simplemente “esa enseñanza es errónea”, se dice ahora “esa enseñanza no ha evolucionado” o “esa enseñanza necesita ser puesta al día de acuerdo con nuestra moderna comprensión de la persona humana”. Obrando de este modo, los izquierdistas buscan desprestigiar la auténtica enseñanza sobre el desarrollo de la doctrina, en un esfuerzo por cambiar la doctrina radicalmente.

Semejante argumentación es sencilla en su intento de engañar: antiguamente la Iglesia condenaba esos actos sólo porque no comprendía todavía el substrato psicológico de los mismos. Ahora que la “ciencia” ha revelado la verdad sobre la homosexualidad, necesitamos “poner al día” (o sea, desechar) nuestra condenación de tales actos. 

Esta línea de razonar (de no razonar…) es atractiva para el hombre moderno, porque enfrenta a la ciencia, en la que se confía como en un “factual” y es, por lo mismo, verdadera, con la religión, de la que se sospecha que está basada no en realidades sino en supersticiones y fanatismos. Dicha línea de pensamiento continúa diciendo que oponerse a la homosexualidad es como oponerse al heliocentrismo. ¡La ciencia!  

Sin embargo, aunque es verdad que la Iglesia no es una autoridad científica en lo relacionado con los cuerpos celestes, ella sí es una autoridad en lo que se refiere a la persona humana y a la moral humana. Nadie conoce mejor que ella el camino que estamos llamados a seguir para llegar a ser hombres y mujeres plenos. 

Insisto en que es difícil saber si el papa Francisco desea llegar tan lejos como el cardenal Hollerich, en el completo abandono que hace éste de la moral católica tradicional; pero los comentarios papales de que la enseñanza católica sobre el sexo está “todavía en pañales” ciertamente favorecen ese abandono.

Es difícil expresar cuán inmensa es la tragedia que estas declaraciones suponen. Una de las fuerzas más destructivas en el mundo actual es la revolución sexual y sus consecuencias. Son innumerables quienes han visto sus vidas frustradas e incluso destrozadas por seguir las falsas enseñanzas de este demoníaco movimiento. Piénsese solamente en tantos hijos del divorcio que tuvieron un padre que, “por obedecer a su corazón”, se fue a dormir con una mujer que no era su cónyuge. Y, hablando de pañales, si un hombre con atracción hacia el mismo sexo abrazara el estilo de vida que los prelados como Hollerich no objetan, es probable que termine algún día usando él mismo pañales de nuevo.

Pero la Iglesia católica tiene el remedio para esta desordenada concepción del sexo, y lo ha tenido desde hace siglos. Si se sigue la enseñanza moral de la Iglesia sobre el sexo, se puede escapar de las tragedias emocionales, de las enfermedades físicas y de la conciencia culpable que nos rodean. 

En vez de condenar la enseñanza de la Iglesia sobre el sexo diciendo que “está en pañales”, el papa debiera proclamar dicha enseñanza en toda su madurez, por ser el único camino que puede ayudar a los seres humanos a escapar de la futilidad de la revolución sexual.

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